LIBROS: 'LA FILOSOFÍA Y SU SOMBRA' de Eugenio Trías


'La Filosofía y su sombra'

La obra que cambió la filosofía en España

Por Antonio García Sancho 

 


Cuando en 1969 se publica el primer libro de un entonces joven profesor español de filosofía en la editorial Seix Barral, pocos podían imaginar que la obra fuera recibida como un revulsivo en el panorama de la filosofía española. Por entonces, esa disciplina aún vivía de las rentas de la Escuela de Madrid: Ortega y sus discípulos, más fieles, como Julián Marías, o más díscolos, como María Zambrano. Se sabía que existía filosofía en España porque en los libros se seguía citando a Ortega y Eugeni D’Ors, aunque no a Zubiri ni a los exiliados.

En cualquier caso, todos esos nombres, incluido el de José Luis Aranguren, que después sería una figura habitual en televisión, sonaban a pasado. La filosofía española había emergido de un letargo de siglos a principios del XX, pero había vuelto a quedar dormida, salvo por los pocos autores que parecían imaginarias en vela transitando por la manchega llanura empeñados en que aún había hueco para quijotes que hablaran de ética, de razones poéticas o del hombre como proyecto.

Y, entonces, de pronto, aparece esta obra que reúne tres ensayos de este nuevo filósofo, catalán, no madrileño, que intenta convencernos de que la filosofía puede entenderse como juego, que tiene una vertiente lúdica y que, al mismo tiempo, es un instrumento serio para descubrirnos cómo actúa nuestro pensamiento.

En La filosofía y su sombra aún no está maduro el pensamiento profundo de Eugenio Trías, su filosofía del límite, pero ya levanta la mano para que se le dé la palabra. El libro toma como referente el estructuralismo como método, pero para jugar con autores y conceptos y afrontarlos con una mirada diferente. Mientras alza la voz, por vez primera en décadas, para defender el pensamiento de Nietzsche, Trías establece también diálogo con Focault, del que es un pertinaz lector y consigue unir con audacia la filosofía de distintas épocas y autores para mostrarnos que toda filosofía conlleva el germen de su contraria. Cada afirmación que realiza la filosofía supone, primero, de manera implícita, un esquema que afirma una realidad y censura y oculta otra, que establece un saber y condena a otro como no-saber. Y, sin embargo, esa realidad y ese no-saber que se oculta puede, a su vez, configurar una visión coherente y contraria a la que defendemos.

Trías no lo dice explícitamente, pero es consciente de ello porque sí lo menciona en prólogos de ediciones posteriores, que esto puede explicar por qué a la filosofía se la acusa continuamente de no ofrecer nunca respuestas perdurables, de estar siempre en revisión, de servir tan solo para cuestionar el mundo y formular interrogantes, pero no acabar dando soluciones universalmente válidas y duraderas. En su misma naturaleza, nos revela Trías, subyace su reverso. La filosofía tiene un carácter dialéctico, de confrontación consigo misma.

En su primer ensayo, que da título al libro, plantea Trías que, al demarcar sus fundamentos, cada filosofía traza un ámbito de saber y niega que el ámbito contrario sea, también, aunque de otro modo, un saber creando, inconscientemente, su propia sombra. Este esquema es aplicable, igualmente, a la moral y la religión, junto a las cuales, nos dice, la filosofía articula una cultura.

Trías utiliza a Fichte como ejemplo: cuando este establece que el yo humano es derivado y fundamentado por un no-yo al que llamamos “cosa”, el mismo Fichte crea dos filosofías: “ese ‘idealismo subjetivo’ que todo el mundo reconoce como la filosofía fichteana… y el dogmatismo que es, justamente, la inversión misma de la estructura de aquel”. Fichte problematiza los términos yo humano/cosa, libertad/necesidad y fundamento/fundamentado pero nadie antes que él lo había considerado un problema. Así, al escoger solo uno de los términos de estas dualidades, explica Trías, Fichte “’marca’ a uno de cada cual, retira al otro y lo inhibe. Y lo presenta únicamente como sombra, como referencia negativa”.

El sistema es desarrollado por Trías, mostrando cómo cada teoría filosófica crea categorías que admiten unos contenidos y relegan a otros, constituyendo, así, cada episteme. Delata, también, que cuanto mayor es el residuo de “sombra” generado por cada filosofía, más probablemente está en un error, una idea que aplicará, luego, a ámbitos como la política.

De esta manera, aunque la pregunta “¿qué es la filosofía?” aparece al inicio del segundo de los ensayos, “Estructura y función de la filosofía, lo cierto es que el libro fluye en torno a ella en los tres momentos en que se divide.


En ese segundo ensayo la división entre una filosofía ingenua  (que no explica sus fundamentos) y la filosofía elaborada (donde sí se explicitan), es en realidad es una excusa para analizar los “códigos” que recorren la filosofía y que, en su obra posterior, sabe descifrar tan magistralmente este autor. Entender la filosofía no es solo saber qué dice o qué cree que dice cada autor, sino comprender las bases que establece para decirlo y comprender por qué acepta unos contenidos (los que el autor llama “marcados”) y rechaza otros (que, en realidad, permanecen, como sombra de los primeros).

Finalmente, el tercer ensayo, sobre el fondo (únicamente implícito) de lo dicho en los dos primeros y tomando como base una novela de Robbe-Grillet, acomete una crítica de la deshumanización del sujeto en la filosofía. Trías denuncia la ausencia del “hombre” en el marxismo o en el positivismo, la rastrea en la narrativa literaria, analiza el fracaso de Heidegger en su intento de comprender ontológicamente al ser y reconoce el efecto de ocultación del “hombre” en el estructuralismo, entre otras disciplinas. La filosofía actual, concluye Trías, “se define todavía de forma negativa, como filosofía sin el hombre.

¿Por qué estos tres ensayos fueron tan relevantes en ese año en que el hombre pisó la luna? 

Posiblemente, porque el libro constituye un soplo fresco sobre la filosofía de su época. Todo el trabajo respira, por un lado, una reflexión profunda y un serio intento de sistematizar, valga la redundancia, la concepción de los sistemas filosóficos. Por otro, esa reflexión huele a anti-filosofía, a crítica de la filosofía e irreverencia con los sistemas de los maestros venerados, a reduccionismo consciente e impúdico de las filosofías a sus fundamentos más genéricos y, por último, en tercer lugar, a juego deliberado, a una filosofía que reclama el derecho a ser lúdica y a moverse con libertad entre autores, sistemas, escuelas o conceptos, con el único límite que impongan las reglas que el propio juego va marcando.

La filosofía y su sombra es un libro imprescindible del que solo cabe lamentar que nadie haya tomado nota y seguido la senda marcada por Eugenio Trías, el mayor filósofo español, sin duda, después de Ortega.

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