ETERNO RETORNO A NIETZSCHE (O de cómo el nihilismo proporciona sentido a la vida)
Por: ANTONIO GARCÍA SANCHO
Este texto propone leer el eterno retorno nietzscheano no como una tesis cosmológica estricta, sino como una prueba existencial capaz de medir el grado de afirmación de la vida en un contexto de “muerte de Dios” y derrumbe de valores absolutos. A partir del diagnóstico del nihilismo y del contraste entre fuerzas dionisíacas y apolíneas (tragedia, creación de formas y destrucción), se argumenta que el retorno funciona como criterio: solo una vida asumida en su totalidad —dolor, placer, contingencia— puede ser querida “otra vez y un sinfín de veces”. En esa clave, la voluntad de poder y la transvaloración aparecen como condiciones para que la vida se justifique desde sí misma; y, siguiendo la lectura de Kundera sobre la “levedad” de lo irrepetible, se muestra cómo el retorno otorga “peso” a la acción y posibilita el sentido sin recurrir a trascendencias.
“Qué tal si, un día o una noche, un demonio se deslizara en tu soledad más solitaria y te dijera: "Esta vida, tal como la vives ahora y la has vivido, tendrás que vivirla de nuevo e innumerables veces; y no habrá nada nuevo en ella, sino que cada dolor y cada placer y cada pensamiento y suspiro y todo lo indeciblemente pequeño y grande de tu vida debe volver a ti, y todo en el mismo orden y secuencia - y del mismo modo esta araña y esta luz de luna entre los árboles, y del mismo modo este momento y yo mismo. ¡El eterno reloj de arena de la existencia gira una y otra vez... y tú con él, polvo del polvo!". - ¿No te postrarías, crujirían tus dientes y maldecirías al demonio que habló así? […] la pregunta en todo y en todos: "¿Quieres esto otra vez y un sinfín de veces?", yacería como el mayor peso sobre tus acciones.
La pregunta ante la que nos sitúa Nietzsche es tremenda. En su sentido literal: “digno de ser temido”. Solo plantearnos -seriamente- la posibilidad de repetir punto por punto nuestra vida no solo una vez, sino eternamente, nos despierta una extraña incomodidad. Si la pregunta proviniera de un genio de una lámpara maravillosa que nos permitiera decidir si queremos que tal deseo se cumpla o no, ninguno de nosotros respondería sin, al menos, una mínima reflexión.
Las alternativas a ese ciclo infinito, a lo que llama Nietzsche “el eterno retorno de lo mismo”, no son tantas: a) que solo viva esta vida o b) que pueda vivir muchas, pero distintas. Y, en esta última posibilidad, apenas hay tres posibles escenarios: b1) que la nueva vida sea mejor que esta, b2) que sea igual o b3) que sea peor.
Cada una de ellas nos deja mirando a un abismo distinto, pero igualmente temible...
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